Como nos hablamos es un claro reflejo de cómo nos tratamos.

Seguro que si nos diésemos cuenta, si escribiésemos lo que nos decimos, nos asustaríamos de la falta de amor que hay en él.  Cuantas veces nos hemos autocastigado diciendo que no valgo lo suficiente, que no estoy a la atura, que no tengo el cuerpo de…, etc etc. Todo este diálogo interno nos resta energía, no aporta nada, más bien aporta ruido mental que no nos deja pensar con claridad, que nos adentra en un bucle que nos arrastra de forma circular y que no tiene fin ni llega a ninguna parte. Además es curioso, porque este diálogo interno es muy recurrente, viene cuando estamos haciendo deporte, cuando estamos cocinando, cuando estamos paseando, …. En vez de disfrutar del momento presente, de la actividad que estamos llevando a cabo, viene de nuevo para decirnos que tenemos un problema, pero no nos da la solución. El hecho de volver a ese diálogo interno repetitivo y constante no hace que encontremos la solución, sino que más bien nos resta energía y nos lleva a la confusión y aburrimiento.

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¿Qué podemos hacer para cambiarlo?

Lo primero es tener consciencia de que está ahí y que quiere ser escuchado. Para ello, has de poner atención a cómo te dice las cosas, que tono tiene, ¿es acusador, te juzga, te recrimina? Si hace alguna de estas cosas, ya puedes estar segura de que está creado desde la exigencia, desde creencias propias adquiridas en el pasado y que de forma inconsciente están ahí.

 

Lo segundo y recomendable es poder escribirlo, para tener más consciencia de las palabras que empleamos, de los calificativos que nos decimos, del mensaje que nos transmitimos. Todo ello ayudará a verlo más claramente, para a partir de ahí cambiarlo. Te sorprenderá todo lo que nos decimos, de forma constante y a todas horas, y claro está que no siempre es positivo.

 

En tercer lugar, pregúntate como siente tu cuerpo este mensaje. ¿Tu cuerpo y tu animo se siente bien? ¿Qué percibes en tu cuerpo? Esta parte es muy importante para entender lo que tu cerebro transmite a tu cuerpo. Es habitual que al recibir estos mensajes el cuerpo se cierre, los hombros se caigan, la boca esté con un gesto triste, y el cuerpo tienda a encogerse a protegerse. Es normal.

 

En cuarto lugar, te invito a cambiar el diálogo interno. ¿Cómo?

  • Identifícalo: como ya sabes cómo es, en cuanto te venga de forma inconsciente dale la bienvenida y acógelo.
  • Paralo: para ello respira profundamente de forma consciente, con intención clara de detener el pensamiento.
  • Di en voz alta o en voz baja, alguna frase de apoyo, de amor personal, de ánimo en el proceso. Por ejemplo, “Yo soy aprendizaje, y lo estoy haciendo mejor que el primer dia” “Yo soy valiente, y afrontaré esta situación”
  • Siente como responde tu cuerpo ante esta afirmación. Si no te sale de forma natural una sonrisa en tu cara, házlo de forma intencionada, eso ayuda a enviar un mensaje positivo al cerebro.

 

Dia a día, irás moldeando ese diálogo para que te aporte energía, para que trabaje en colaboración con tu corazón y para transformarlo en una herramienta que te apoye a tu persona. Adquirir consciencia de la forma que nos hablamos, cambiar el diálogo interno y transforma nuestra vida. Te animo a que lo pongas en práctica y me cuentes tu experiencia.

 

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